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Misiva enemistosa, a modo de advertencia

Antes que nada, quisiera aclarar que lo que van a leer líneas abajo es una parte que fue "sacada" de mi libro por parte de gente responsable de editarlo. El argumento fue: "revela demasiado sobre cómo querés que la gente interprete tus cuentos"; sin embargo, haciendo uso de mi tan temible y reconocido "olfato", me animaría a decir que fue sacado -borrado, expulsado, ninguneado- simplemente porque no gustó.
Quizás por eso, haciendo "justicia poética" con esta carta tan vilipendiada, es que quise publicarla acá, ya que en mi "casa" nadie pone las reglas... ni siquiera yo.

Misiva enemistosa, a modo de advertencia

                                            “Una historia me recordará. Siempre”
                                                                                                    Lima Quintana 

A quien lea estas páginas:

   Lejos de buscar justificar algo de lo escrito, me animo, cual compadrito pendenciero que pretende esperar a su contrincante a la vuelta de la esquina, a buscarle roña. Pero ojo, no vaya a pensar que soy de esos que por cualquier cosas se van a las manos... no no no... No se confunda. Sólo soy un tipo con ínfulas de escritor que busca provocarle.
   Quiero discutir con ud., sacarle una sonrisa o una puteada [lo que le resulte más coveniente], pero bajo ninguna circunstancia toleraría su indiferencia.
   ¿Cómo lo hacemos, entonces? Bueno, la cosa es sencilla: dejando de lado la cuestión farisea de que ud. puede comprar este libro, le aviso que también podrá ubicarme en mi blog. Eso sí, sepa de anteamano que mi blog es como mi casa, así que allá puede que si pasa sin avisar, me encuentre en pelotas, fumándome un pucho tirado sobre el sillón. No es que yo sea un exhibicionista [ni mucho menos], pero en casa suelo ponerme más cómodo, por lo que las cosas que ud. va a encontrar ahí, difícilmente las encontrará en algunas de mis otras publicaciones. Así que siéntase libre de hurgar entre mis pertenencias más privadas. La dirección es fácil, de hecho es la afirmación de la negación de la mirada que tengo de mí mismo, pero si ud., por cuestiones económicas, o por puro vil y desconsiderado amarreterismo no adquiere este ejemplar, tome lápiz y papel [o memorice, según el caso] y anote la siguiente dirección:


   En otro orden de cosas, teniendo en cuenta lo rimbombante del título que elegí para esta misiva, quisiera dejarle un consejo. Este libro no busca ser leído. Mal que me pese [y sobre todo, en desmedro de mis editores], este libro busca ser únicamente una vía de escape, no sólo para mí –en este caso el autor– sino para lxs posibles lectorxs también, porque no concibo una literatura que no se camine, una literatura que quede estática en el lugar donde fue arrojada a su suerte. La literatura tiene que transmitirse, que acompañar al tiempo, a este trascurrir de segundos y, sin ser cómplice de este interminable movimiento terrestre, tiene que conmover... y si es preciso, morir. Mis personajes mueren cada vez que se pasa de hoja, y renacen a ser leídos nuevamente. Así debe ser el sentido de las cosas: la trascendencia a partir de lo que otros cuentan de nosotros.
   Pero me puse metafísico, y no era mi intención. Como dije antes, quería advertirle: estas páginas no dan respuestas, sino preguntas; no resuelven nada, sino que conflictúan; no fueron escritas por amor, sino por necesidad; no buscan agradarle la vida a ud., sino hacerme sentir más acompañando.
   Si ud. cree que soportará el tedio de escarbar en las miserias ajenas y esperar a que surja de entre la podredumbre algún vestigio de humanidad, bueno, entonces tómese el tiempo, pase, recorra y fíjese qué le interesa de estos cuentos. El autor, agradecido.


Cristian Walter
mayo 2014

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