Ir al contenido principal

No es casual

No es casual que quiera gritarle al mundo que aún existo
que llevo tu aliento apretado contra mi pecho,
embarrándome de pies a cabeza mientras me ata los tobillos.

No es casual que te piense en la soledad de la cocina
sumergido en el humo de mi pipa
y cegado por el brillo de la pantalla.

No es casual que te busque en cada recoveco de la casa
en la alacena, detrás de las verduras, dentro del frasco de café
en fondo húmedo del mate.

No es casual que no sepa respirar sin tu recuerdo
que no pueda caminar sin el remolino que provoca tu cadera
sin la turbulencia que deja tu andar.

No es casual que todo te traiga a mi cabeza
el sonido de los pájaros, los ladridos de Manyula,
el goteo insistente de la canilla de la cocina.

No es casual que revise tu respiración cada segundo de la noche
que duerma intranquilo en tu abrazo
que me pierda en el movimiento de tus párpados.

No es casual, lo sé;
quizá por eso te escribo.

                                                          Noviembre, 2015

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Tempestad

Siglos de soledad fría mañana turbia. En esta tempestad,                                                 desangrándote.
Sombras en la pared el tiempo que no llega; un después que tiende a                                                      desaparecer.
Nubes de cal cubren mi ventana gris; en la oscuridad busco tu luz. El destino apuesta por última vez. En la oscuridad, enlaoscuridad, tu luz.
Se marchita el sol con sus besos rabiosos. El silencio viene                                                  sin saber de vos.
Ríos de sal tiñen tu grito febril; en la oscuridad busco tu luz. Agoniza el sueño sin saber por qué. En la oscuridad de esta tempestad, tu luz.


                                                                       MARZO 2013

ELENA*

“y luego, como si le hubieran soltado los resortes de su pena,  se dio vuelta sobre sí misma una y otra vez, una y otra vez” (Juan Rulfo)
  –porque ‘no’ y ¡listo! –dijo Elena.    Fue un ‘no’ rotundo y enfático, preciso y determinante; un ‘no’ tan amargo que las palabras que vinieran después estarían de más; sin embargo, el golpe seco del revés de la mano de Mario dejó en claro que ese ‘listo’ no había dado por terminada la conversación.   Ella se frotó el lado de la cara donde el ardor aún se mantenía firme y detuvo las lágrimas antes de que se hicieran evidentes. no voy a llorar, se dijo a sí misma.   Mario la miraba con la impunidad de los que saben que jamás recibirán respuesta. ‘a los perros los acostumbrás a los golpes –le había dicho su padre alguna vez–, se conforman con los huesos’, y él creció viendo a su madre acostumbrarse.   –¿ve lo que me hace hacer? –le dijo Mario con tono amenazante. 
  Elena no respondió; no dijo nada; no hizo gesto alguno; sólo se frotaba la mejilla. En su…

Larga noche

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí." Augusto Monterroso

Oscuridad. Frío. La humedad perforando los huesos. Antes... no, no recordaba el antes. Sentía que desde su antes hasta su ahora habían pasado días, meses... siglos. Siglos de vivir huyendo, temblando por las noches, escuchando un rugido a la distancia, o unas fauces moliendo huesos, o el quejido de algún infeliz que no corrió con la misma suerte.    Suerte, muerte, peste. Notaba la pestilencia de la caverna en la que ahora se encontraba pasando los segundos empapado en una oscuridad amenazante.   Oscuridad, penumbra; ojos abiertos o cerrados, da igual.   Ahora no se vislumbraba nada. No había ni siquiera esa luz primigenia que había originado las sombras que durante tanto tiempo lo habían perturbado. Quizás por eso sus párpados, pesados, no reaccionaban; no respondían, negándose a sucumbir ante la curiosidad.   ¿Acaso no fue la asesina del gato? ¿y entonces? ¿por qué ahora él debería mostrar una valentía que …